jueves, 27 de agosto de 2009

Verdades y mentiras de Bolaño

por Larry Rohter
El Mercurio. 31.01.2009*










Jugando entre la ficción y la realidad, el escritor chileno se fabricó una historia de vida que hoy muchos ponen en duda: desde su adicción a la heroína hasta su detención tras el golpe militar. La viuda, un ex agente literario y amigos del novelista acusan a críticos y editores norteamericanos de distorsionar el pasado de Roberto Bolaño. Aquí publicamos in extenso el reportaje del The New York Times que destapó el caso.



Por estos días, pocos escritores son tan aclamados como el novelista chileno Roberto Bolaño, quien murió de un problema al hígado no especificado en 2003, a los 50 años. Su novela póstuma, 2666, apareció en varias listas de los mejores libros de 2008, y el interés por él y su trabajo se ha ido alimentando por su creciente reputación de escritor con una vida dura.

Pero tanto su viuda, de quien se separó poco antes de su muerte, como Andrew Wylie –el agente norteamericano que ella despidió tras distanciarse de Bolaño, sus amigos, editores y publicadores– están desafiando parte de esa imagen. Ambos cuestionan la idea –sugerida originalmente por el mismo Bolaño, luego atribuida a su traductor y mencionada en varias de las revisiones recientes de 2666– de que él "consumía heroína", que en su muerte era "detectable el uso de heroína" e, incluso, que "la consumía frecuentemente".

Al mismo tiempo, algunos de los amigos de Bolaño en México, donde él vivió casi una década antes de radicarse en Barcelona, ponen en duda otro aspecto de la historia de vida que Bolaño construyó sobre sí mismo. Ellos dicen que él, quien rápidamente ha aparecido como el escritor latinoamericano más prominente de su generación, no estuvo en Chile durante la dictadura militar.

Teniendo en cuenta a Bolaño y su relación con las drogas, muchos críticos y bloggeros latinoamericanos y europeos dicen estar de acuerdo con su viuda, y han acusado a editores norteamericanos de distorsionar el pasado del escritor para hacerlo calzar con el estereotipo del artista torturado. La vida y el trabajo de Bolaño se han transformado en un "espectáculo trivial", dijo el crítico peruano Julio Ortega al diario español El País.

El foco de la controversia por el consumo de heroína está en la cuarta página de la colección Entre Paréntesis, publicada a un año de la muerte de Bolaño. Llamado "Playa", el texto es una larga oración que comienza con: "Dejé la heroína y volví a mi ciudad para comenzar con el tratamiento de metadona que me administraron en la clínica…".

La portada de Entre Paréntesis describe a la colección como "ensayos, artículos y discursos". En la introducción, Ignacio Echevarría, un crítico y editor español al que Bolaño nombró como su representante literario, explica que el libro debería ser visto como "un tipo de 'autobiografía fragmentada' y un mapa personal de Bolaño".

En entrevistas separadas, Echevarría y Jorge Herralde, el editor de Bolaño, dijeron que la introducción y la portada de las futuras ediciones del libro en español deberían incorporar que "Playa" es ficción, algo que también se aclararía en la versión en inglés, que New Directions podría publicar el próximo año. "La situación se presta para confusiones, porque a Bolaño le gustaba hacer trucos y crear misterios", dice Herralde. "Pero él debe haber estado tratando de tender una trampa para sus futuros biógrafos".

"Playa" fue publicada originalmente en el diario El Mundo, de Madrid, en julio del año 2000, como parte de una serie en la que 30 autores de lengua española escribían sobre el peor verano de sus vidas. El editor del suplemento de ese diario, Manuel Llorente, dijo que la mayoría de los escritores respondió con "narrativas que eran clara e incuestionablemente autobiográficas", pero que nunca pudo estar seguro sobre el texto de Bolaño.

"Conocí a Bolaño como un escritor que jugaba con la realidad, que cultivaba las ambigüedades y las falsas identidades, por lo que no importa si su narrativa es real o inventada", dice Llorente en una entrevista. "Para mí, lo único que importa es que se trataba de literatura valiosa".

Wylie, quien comenzó a dirigir el trabajo de Bolaño el año pasado, dijo en una entrevista telefónica que la viuda del novelista, Carolina López, a quien el escritor conoció al mudarse a España a fines de los 70, le "mencionó de pasada" en una comida en Barcelona que los recuerdos que ella tenía de su marido consumiendo heroína eran "inexactos". Aún así, Wylie no quiso entrar en discusiones y le dijo que a él no le interesaba el trabajo de "detective literario".

Sin embargo, la investigación literaria era uno de los temas favoritos de Bolaño. Tanto 2666 como su predecesora, Los detectives salvajes, se tratan de bandas de poetas y críticos tratando de conocer la verdad sobre escritores que han desaparecido o que se han ocultado tras versiones vergonzosas de sus pasados.

En entrevistas telefónicas desde España y México, amigos y socios de Bolaño dijeron que el escritor buscaba la ambigüedad. "Él inventó su propio mito", dijo la mujer con quien fue pareja hasta la fecha de su muerte. Ella pidió expresamente no ser nombrada, para mantener su privacidad. "Nadie puede negar que se metió en el juego y él sería el primero en reconocerlo".

De acuerdo a su biografía, Bolaño se fue a México en 1968, pero volvió a Chile a principios de 1970 para apoyar el gobierno socialista de Salvador Allende. Supuestamente, después de eso fue arrestado durante el golpe de Estado, pero dos militares que habían sido sus compañeros de colegio lo reconocieron y le ayudaron a escapar de una posible ejecución.

Sin embargo, varios de los amigos mexicanos de Bolaño que estuvieron en Chile durante el gobierno de Allende dicen que el escritor estaba en México y no en Chile, como él asegura.

A mediados de 1970 "hablamos mucho sobre Chile, y para mí era obvio que Roberto no había estado allá, pero quería que todos pensaran eso", dice Ricardo Pascoe, diplomático y sociólogo mexicano. Muchas de las fiestas y lecturas que se realizaron en la casa de Pascoe aparecen descritas en Los detectives salvajes. "Él me preguntaba cosas sobre la izquierda que cualquier militante o simpatizante de la izquierda sabría".

León Bolaño, padre del escritor y ex conductor de camiones, piensa que su hijo sí habría estado en Chile, por una conversación que recuerda haber tenido con él, en la que le dijo que "iba a viajar por tierra" para visitar a su tía (hermana de su padre). Pero no recuerda bien la fecha de aquel viaje. León, a sus 82 años, enfermo, dice que después del golpe militar, gracias a su seguro de trabajo, pidió ayuda al gobierno mexicano para poder sacar a su hijo de Chile a través de la embajada.

Pascoe fue uno de los miles de jóvenes latinoamericanos que viajaron a Chile cuando Allende fue elegido en 1970, para participar de la revolución que estaban esperando. Durante el derramamiento de sangre que acompañó al golpe de Pinochet, él y varios de los cientos de otros fugitivos pidieron asilo en la embajada mexicana de Santiago hasta que pudieron volver a sus países.

Bolaño, afirma Pascoe, "definitivamente no estuvo ahí". Una vez le preguntó directamente si es que había estado en Chile, y "su respuesta fue tan vaga que me dieron ganas de decirle: ¿por qué no me respondes sí o no? Sin embargo, él me agradaba y nuestra amistad no estaba basada en la política, así que realmente no me importaba. Pero estaba claro que el no había estado ahí".

Los amigos mexicanos de Bolaño dijeron que él sentía vergüenza de admitir que estuvo ausente de la experiencia política que, aún hoy, define a su generación, con el estatus y credibilidad que le da a aquellos que participaron. "Entiendo por qué mintió, él estaba arrepentido de habérsela perdido, de no haber estado ahí", cuenta Carmen Boullosa, novelista, dramaturga y poeta.

Rodrigo Fresán, escritor argentino que vive en Barcelona, dice que "la biografía de Roberto va a ser interesante de leer y estoy agradecido de haber sido sólo su amigo y no quien tiene que escribirla". Otros que conocieron a Bolaño sólo por su trabajo han llegado a la misma conclusión.

"Es difícil seguirle el juego a un escritor que juega con la ficción y la no ficción", explica Marcela Valdés, crítica americana que se ha referido acerca de la adicción a la heroína de Bolaño en su ensayo, "On this one, he may have got us" ("En ésta él nos pudo haber atrapado").




* Texto en idioma original a continuación.